lunes, 16 de marzo de 2015

Querida lluvia

Querida lluvia, 
gracias por calarme hasta los huesos.

Hace ya un tiempo que para mí
siempre es primavera 
y te preguntarás que por qué 
llevo más de un año 
viviendo en la misma estación. 
Verás, es que 
me he enamorado 
y cuando te enamoras 
nada se marchita, 
no hace frío, 
no llueve.

Todo parece florecer, 
hasta las ortigas silvestres 
son capaces de nacer 
con flores preciosas. 
¿Qué por qué? 
Porque así es el amor.

En mi otoño 
no es que se caigan las hojas, 
no. 
Vale, 
se caen, 
pero ¿sabes qué? 
Ellas se caen y vuelan 
y consiguen llegar al río,
lo visten de elegancia con sus colores. 

Entonces, 

el río se pone contento 
y las embarca al mundo 
de los Campos Elíseos. 
Las hojas se ponen tan contentas 
que deciden morir para resucitar. 
Y nacen 
en otro árbol 
y aparece 
la primavera.

En mi invierno no hace frío, 
ni llueve. 
O al menos, 
eso pienso yo. 
Y te preguntarás 
que por qué no hace frío. 
Sus manos me visten de ternura 
y me aman, 
consigue que me olvide del frío. 

Logra que la nieve se derrita 

porque, 
es tan cálido su abrazo 
que llegaría a conseguir 
derretir el polo norte 
y el sur 
también.

Y que 

entre las sábanas todo 
es primavera 
e incluso verano. 
Nos queremos tanto 
que conseguimos 
todo lo que nos proponemos.

Y nos proponemos querer. 
Y dirás 
qué es eso de querer. 
Antes de conocerlo 
yo tampoco sabía 
lo que era querer, 
querer de verdad. 

Un día decidimos 

poner comienzo 
a un viaje en montaña rusa 
en la que siempre 
subiésemos más y más, 
hasta llegar al cielo. 
E incluso, 
llegar a conocer 
a todos los dioses 
de la mitología griega. 

Y así, 

hablar con Afrodita 
y darle gracias 
de haberlo puesto en mi camino. 
Porque por mucho 
que yo te cuente 
no soy capaz de expresar 
íntegramente todo 
lo que siento por él. 

Fíjate si es fuerte este sentimiento 

que hemos conseguido 
viajar a la primavera todos los días.

Y te preguntarás 
que por qué te agradezco 
que me calaras. 

Simplemente, 

me he dado cuenta 
de que el tiempo 
no se ha vuelto loco, 
de que no todos los días 
es primavera 
sino que 
hemos construido un mundo, 
nuestro mundo. 

Un mundo 

en el que siempre 
es primavera. 

Y a pesar de ser primavera, 

queremos llamarlo “Lluvia” 
porque tú 
has conseguido 
que nos demos cuenta 
de lo afortunados que somos 
de habernos conocido.





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