viernes, 24 de octubre de 2014

Tú fuiste mi purgatorio

Me enamoré de la oscuridad que había en sus ojos claros 
y por más que luché contra eso, 
caí rendida, 
era mayor el deseo que la razón.

No sé que era lo que más me gustaba de él, 
sus ojos, su risa, su olor, su forma de quererme, 
no sé, 
puede que fuese todo. 

Sus manos eran capaces de dolerme y aliviarme a la vez, 
con tan solo un beso 
conseguía hacerme viajar a miles de sitios 
porque su boca era un paraíso. 

Sus besos eran como una droga, 
tenía adicción a ellos.

Entre mis piernas conseguía ahogarme en gemidos 
y volar al Edén. 
Pero no me llevaba al Edén instantáneamente, 
no, 
primero me mandaba a lo más profundo del infierno 
donde llega tal punto que ardes 
que consigues llegar al Edén y alcanzar el clímax 
en un estado de paz profundo, 
y esas eran las mejores sonrisas que me sacaba.

No me pidas que te diga que era lo que más me gustaba 
porque me gustaba todo, 
hasta cuando me hacías sufrir 
porque ahí fue cuando me dí cuenta que lo nuestro ya había acabado 
y por más que me alzaras al cielo, 
al final conseguiste llevarme al limbo 
del que pude escapar cuando te dejé. 

viernes, 17 de octubre de 2014

Decepción como forma de vida

Hablemos de la decepción, ¿os gusta? a mí tampoco.
Cuando alguien te decepciona tienes una mezcla de sentimientos: rabia, tristeza, impotencia, duda, etc. Tienes a alguien en un pedestal pero llega un día que conoces como es, que lo de antes solo eran máscaras y entonces, se cae, se derrumba, toda tu admiración hacia esa persona desaparece.
¿Se puede convivir con la decepción? pues si, porque llega un día en que esa persona ya no es tan especial para ti y ya no te duele tanto el daño hecho; porque la decepción duele y mucho. No es como una rabieta que te dura 20 minutos, para mí es uno de los peores sentimientos que puede haber. También tenemos que aprender que no solo nos van a decepcionar una vez ni tan solo una persona, nos van a decepcionar muchas veces y muchas personas, porque aunque sea difícil de aceptar, aprendemos a bases de palos. Son estas decepciones y muchas cosas más las que nos hacen darnos cuenta de quienes son las personas que no es que no merecen la pena, sino que merecen la alegría, que hacen que nuestra vida vaya a mejor; no tiene por qué ser una persona en concreto, pueden ser muchas: un amigo, tu hermana, tu pareja, etc.
También puntualizo que no hay personas falsas ni reales, esto simplemente es una metáfora. Por supuesto que todos somos reales, ¿acaso no lloramos todos, no sangramos cuando nos hacen una herida, no reímos?
Existen las personas hipócritas, eso si. Aquellas que dicen "yo no, yo no" pero luego es un "yo si", u "odio eso" pero es "me encanta eso", y así.
Las decepciones nos queman por dentro y hacen que nos cueste muchísimo más que antes poder confiar en una persona, porque tenemos miedo de que nos vuelvan a dar un guantazo en toda la cara.
La decepción es parecido a que te corten las alas en pleno vuelo, la caída es grande y el dolor, mucho más. Pero la verdad es que nunca podremos llegar a conocer a alguien totalmente ya que ni nos conocemos a nosotros mismos por completo, así que, seguiremos llevándonos decepciones hasta que llegue el día en que no volvamos a abrir los ojos.

viernes, 10 de octubre de 2014

Sé a ciencia cierta que me vas a romper el corazón

Pasa que un día conoces a alguien y ese alguien parece ser que ha venido a cambiarte la vida a mejor, los primeros meses SIEMPRE son los más bonitos, pero ¿qué pasa? que cuando pasan esos momentos puede que estéis sincronizados o puede que no, vais a destiempo. Empiezan las dudas, de si de verdad me encantas o si no, si quiero seguir viéndote, si tengo ganas de ti, si me agobias, si ya no puedo más. Aquí comienza de verdad lo real, lo que importa sinceramente.
Obviamente no siempre el destiempo es "tú si y yo no", muchas veces puede ser un "tú tan no sé y yo tan que no", o tú tan que si y yo tan no sé". 
Lo malo de esto es que los que se encuentran entre el "que no" y el "no sé" no se paran a pensar en que la otra persona sigue viviendo en un "que si, que me encanta, que me alegra los días", y lo que realmente mata no es ni un "si" ni un "no", es un "no sé"; porque la duda mata.
La duda, esa que parece que te está clavando un puñal en la garganta y no te deja respirar, que hace que llegue un punto en que tu cuerpo no consiga que se salten las lágrimas porque ya se ha acabado el depósito que pone "lágrimas". Poco a poco, vives en una ilusión y duda continua, que no sabes a que aferrarte porque está lo que tú esperas que sea y no es, y lo que es y no quieres que sea. Aunque lo peor de todo no es eso, son esas típicas preguntas que tú necesitas que te respondan como un "¿pasa algo?", "¿estamos bien?" y las respuestas sean "no, ¿por qué iba a pasarme algo?" y "claro que estamos bien"; y tú intuyes que si que pasa algo, que claro que no estáis bien pero sigues aferrándote a lo que quieres que sea pero no es.
Sinceramente pienso que si alguien nos rompe el corazón es porque nosotros le damos permiso, porque es una cosa de dos. Nadie puede entrar por tu "puerta" si tú no le dejas entrar. Que el amor es un crimen que no puede realizarse sin cómplices y lo verdaderamente malo es que un día los cómplices se traicionan y se rompe el amor, y no se rompe solo un corazón, se rompen los dos porque cada acto lleva una consecuencia y es ese.