Me enamoré de la oscuridad que había en sus ojos claros
y por más que luché contra eso,
caí rendida,
era mayor el deseo que la razón.
No sé que era lo que más me gustaba de él,
sus ojos, su risa, su olor, su forma de quererme,
no sé,
puede que fuese todo.
Sus manos eran capaces de dolerme y aliviarme a la vez,
con tan solo un beso
conseguía hacerme viajar a miles de sitios
porque su boca era un paraíso.
Sus besos eran como una droga,
tenía adicción a ellos.
Entre mis piernas conseguía ahogarme en gemidos
y volar al Edén.
Pero no me llevaba al Edén instantáneamente,
no,
primero me mandaba a lo más profundo del infierno
donde llega tal punto que ardes
que consigues llegar al Edén y alcanzar el clímax
en un estado de paz profundo,
y esas eran las mejores sonrisas que me sacaba.
No me pidas que te diga que era lo que más me gustaba
porque me gustaba todo,
hasta cuando me hacías sufrir
porque ahí fue cuando me dí cuenta que lo nuestro ya había acabado
y por más que me alzaras al cielo,
al final conseguiste llevarme al limbo
del que pude escapar cuando te dejé.