Quiero vivir en mil cuentos,
tener un final de aquellos en los que
dicen comer perdices y ser felices.
Pero no quiero que empiece
con érase una vez.
Quiero que sea distinto.
Que empiece con un sueño,
sí,
un sueño.
Algo así.
Soñó que era Caperucita
pero no iba a casa de su abuela,
buscaba al lobo.
Ella
se enamoró de él.
Pero en su lugar,
se encontró al cazador.
Antes de que la atrapase,
Caperucita se convirtió
en un pájaro.
Así empezaría mi cuento
y seguiría viajando al mundo
de Aurora.
Cuando Aurora cumplió 16 años
se pinchó con una rueca
y durmió no para siempre.
Una ardilla la encontró
y entonces,
con un beso en la nariz
la despertó.
¿Y en quién
se transformaría Aurora?
En Cenicienta.
Aurora al despertar
se dio cuenta que ahora
se llamaba Cenicienta.
Tenía
dos hermanastras
que la envidiaban,
pues Cenicienta era bella.
Ahora quiero
que aparezcan flores.
Cenicienta fue al jardín
y al clavarse
la espina de una rosa,
se encontró
en un lugar distinto.
Y tú
te preguntarás donde.
Vio que ya no era rubia,
ella era Bella.
Se acordó que
al principio de su sueño
estaba buscando un amor.
Y ahora,
llega el final.
¿Con perdices o no?
Ella buscaba un león,
buscaba a la Bestia.
Entonces,
lo vio,
Estaba contemplando una rosa preciosa
y se puso feliz al verla.
Pero también,
vio al cazador.
Esta vez,
no iba a permitir
perderle de nuevo.
Y corrió hasta él
y lo besó.
Al besarle
su sueño acabó y despertó.
Y al abrir los ojos
no vio Caperucitas ni Cenicientas.
Se vio a ella,
en busca de su final feliz
y sus perdices.
Lo volcaste todo completamente, Andrea, y eso lo volvió perfecto
ResponderEliminarMuchas gracias. Me alegro que te guste.
Eliminar