Le dio permiso para romper su corazón
y él quiso curar sus heridas.
A ella no le gustaba la lluvia,
tampoco los mares.
Soñaba con navegar en su sonrisa.
Era martes trece.
No quería tentar a la suerte.
Sin embargo,
el destino le obsequió
la fortuna del amor.
No necesito ni libros
ni hojas,
mis historias
las escribo en tu piel.
Le entusiasmaban los enigmas.
Pero cuando se trataba
de su cuerpo,
anhelaba perderse en él
para encontrarse en el mar de sus ojos.
Dame tinta
que mis manos tiemblan
si no te escriben un poema.
Déjame
lo amargo de tus besos
que voy a devolverte la sonrisa.
Apágame la luz,
voy a iluminarte la piel a besos.
Seas golondrina o mariposa
no permitas que corten tus alas.
O que conviertan
tu fantasía en pesadillas.
Son tus alas,
tu vuelo.
¿Y si me das un beso?
¿Y si sí?
Si el frío cala mis huesos,
que tu calor erice mi piel.
Bríndame
el verano bajo las sábanas
en mis inviernos más fríos.
Solo con rozarme
logras llevarme
del invierno más frío
al estío.
Bésame la piel,
suspira en mi pelo.
Yo me encargo de quererte.
No quiero
que me derribes.
Lléname de ti
que yo
te regalaré todo de mí.
Ella necesitaba café por las mañanas.
Pero su razón de vivir
era reflejarse
en sus ojos verdes.
Los labios consumidos
y las sábanas
en el suelo.
La vida del revés
y tú, la armonía.
Acorde a mí.
Cuando te falle una mano
te tiendo mi pata.
Si buscas lealtad,
mírame a los ojos.
Firmado: tu mascota,
tu amigo.
Si de algo hay que morir,
quiero ahogarme
en la profundidad de tu mirada.
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