Cuando crees saber
el por qué de la vida
te dan un aviso,
una señal.
Te estás equivocando.
Nada es
lo que parece.
Ni el cielo es azul
ni las nubes, de algodón.
No siempre
el amor
viene de dentro
tampoco, de fuera.
Sólo, viene.
Y la sangre
no se llama amor,
se llama sangre.
Sin más fin
que el de mantenernos vivos.
O tal vez no.
Que no todo
es blanco o negro,
ni gris ni arcoiris.
Es el ojo que mira.
Que quien dice quererte
no te quiere,
o sí.
Pero quien te abraza
te quiere de verdad.
Que tú me quieres,
ya lo sé.
También,
hace tiempo supe
que él nunca me quiso
o incluso,
simplemente
dejó de quererme.
Y que me rompió el corazón,
bien lo sabes tú
y bien lo sé yo.
Me faltaron puntos
para mi corazón roto.
Pero también,
me inundan los recuerdos
por los que sonreír.
El amor no sólo consiste
en querer
sino también
en querer reparar aquello
que nace roto
o que alguien,
destruye
con la intención o no
de romperlo.
Que me faltan palabras
para gritar este dolor,
lo sé.
Y lágrimas que derramar,
también lo sé.
Aunque prefiero
gritar de alegría
y llorar bonito,
llorar de amor.
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