Odio los días de lluvia
en los que no hay palomitas
y tampoco
están tus besos.
Echo de menos
el tacto de tu risa,
el sonido de tu mirada
y el color de tu voz.
Tengo recuerdos de nosotros
guardados en el primer cajón
de mi mesita de noche
y conservo todas tus caricias
debajo de mis sábanas.
Me gustaría volver a esos días
donde el calor
nos tenía envidia
y el viento se moría
por rozar tus labios.
Odio los días de lluvia
en los que no hay películas
que se conviertan
en la banda sonora
de nuestros besos.
Echo de menos refugiarme
entre tus brazos
los días de tormenta
y los que no son tormenta.
Tengo contados todos los besos
que no te dí y déjame recordarte
que suman cero porque yo
nunca me quedé
con el hambre de tu boca.
Me tatuaste con tus manos
la silueta de Eros
y no hay manera de borrarla
pero tampoco quiero.
Odio los días
en los que no estás.
Y ya van veinte.
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