Mentimos con certeza y decimos verdades entre broma y broma.
Eran como el ratón y el gato.
Jugaban a comerse a besos y ahogarse en caricias.
En el momento que supo de su existencia la quiso. Y perdonó todos sus errores antes de cometerlos.
A veces sólo necesitas que te besen las cicatrices para querer de nuevo.
Te regalo mis suspiros, mi aire y mi tiempo.
Los besos, ya los tienes.
Lo más sensato que hizo fue enamorarse de su locura.
Cada vez que miraba el cielo recordaba la profundidad de sus ojos.
No necesitaba espejos cuando podía reflejarse en el ámbar de sus ojos.
Juntos eran metáfora.
Enamorarse del infierno de alguien es algo así como querer de verdad. Y él se enamoró de sus demonios.
El viento se enamoró de la rosa. Todas las mañanas volaba junto a su vera para poder acariciarla.
Cuando crees que han terminado de romperte el corazón aparece alguien que lo convierte en cenizas.
El sol vivía enamorado de la luna pero nunca encontraba el momento para declararse.
Malgastaba el tiempo, perdía la calma pero, merecía la pena, merecía por ella.
La deshojó como a una margarita para saber si lo quería y, acabó consiguiendo lo contrario.
No eres tú, tampoco yo. Somos nosotros, no encajamos.
Su piel iluminaba más que cualquier farola en mitad de la noche.
"Sin poesía no hay ciudad". No hay corazones sin cicatrices.
Le dijeron que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer pero él quiso arriesgar.
Nuestra historia era como la del Principito y su rosa, difícil de comprender.
Esta quimera no atiende a razones ni entiende de héroes o villanos. Atiende a la melodía de su voz, entiende del compás que marca.
Siempre esperaba a mañana pero, ese mañana, nunca llegaba.
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