Una vez escuché
que bailar era
soñar con los pies.
Pero te conocí.
Ya no soñaba con los pies,
soñaba contigo.
Todas las noches
imaginaba tus pies
junto a los míos caminando.
Me fascinaba
el olor
a libro nuevo.
Pero te conocí
y ya no quería
el frescor de los libros.
Te necesitaba a ti.
Embriagarme
de tu perfume.
El oleaje del mar
me brindaba
serenidad.
Y llegaste tú
con tus ojos
color ámbar.
Y el mar
me inquietaba.
Tus ojos, no.
Nunca le di
sentido a mis manos.
Pero te encontré.
Y te deseé.
Quería rozar
tu piel con ellas.
Adoraba dibujar
sonrisas
en tu espalda.
Creí de la música
mi forma de vida.
Pero te escuché.
Tu voz me hizo temblar.
Tú no hablabas,
recitabas.
Escuchar tu risa
eran los acordes
de mi melodía.
Probé muchos sabores.
Como lo amargo
del limón.
Pero mi favorito,
lo dulce
de la miel.
Pero te besé.
Y anhelé
el sabor de tus besos.
Desde pequeña
me enseñaron
a caminar.
Que los pies
nos mantienen.
Pero cogí tu mano.
Y desde entonces
busco mi equilibrio
a tu lado.
Y eso que superar el olor a libro nuevo es complicado. Precioso :)
ResponderEliminarSí que lo es. Muchísimas gracias :)
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